El Santo Felipe Neri (1515-1595)… dio una extraña penitencia a un novicio que era culpable de difundir rumores ‘maliciosos’…
Le pidió que llevase una almohada de plumas a la parte alta del Campanario en un día vendaval… y soltase las plumas al viento…
Y… luego bajase de la torre y recogiese todas las plumas que se habían desperdigado por la lejana campiña… volviéndolas a poner en la almohada…
¡Desde luego… el novicio no pudo hacerlo…!
Y… este era precisamente… el punto que Felipe quería hacer acerca del ‘Gran mal’… que hace… difundir ‘escándalos’…
La MALEDICENCIA y la CALUMNIA… tienen la capacidad de difundirse como el viento… en todas las direcciones y que... una vez soltadas… nunca pueden ser totalmente recogidas…
Incluso... cuando las acusaciones son demostradas como…’claramente falsas’…
La reputación de aquellos ‘falsamente’ acusados… conservan una mancha perdurable… pero como el nombre de la persona que las arrojo… y serán siempre señalados… “¿¡No fue aquel que…!?”
Las palabras de un tal… Shakespeare… viene muy al cuento:
Quien roba mi bolsa… roba basura… era algo… nada…
Era mía… es suya… y ha sido esclava de miles…
Pero… aquel… que me arranca mi buen nombre…
Me roba aquello que a él NO le enriquece…
Y me hace a mí de verdad… pobre…
San Felipe Neri… tenía razón…
Pero… si alguna persona con criterio propio e inteligente…
Si encuentra alguna ‘pluma’… seguramente la recogerá… y la tirará en la papelera adecuada… (PETICOTAS IV)