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Galletas Navideñas artesanales. Horneadas por los niños
y maestras de Sombreritos. |
PETICOTAS viajó a Gualeguaychú, Provincia de Entre Ríos, para encontrarse con los niños del Hogar Sombreritos en el marco del recorrido por el fortalecimiento de los Valores Perennes y la educación.
Tanto es así, que muy temprano nos dimos cita en el lugar.
A las nueve de la mañana nos abrieron las puertas de la casa Isabel y María Julia. Ellas son dos jóvenes y emprendedoras mujeres que desde hace 1 año asisten a niños en situación de calle que no tienen padres o familiares que los reclamen.
Hay espacio para solo 30 niños pero en sus grandes corazones y con la fuerza de un trabajo de puro ingenio, viven, en condiciones humildes pero dignas, 40 niños que oscilan entre los 8 y 12 años. Todos asisten a la escuela pública y reciben, en la Casa Sombrerito, un techo que los resguarda y protege.
Allí tienen sus camitas y el alimento de todos los días.
Nos cuentan, Isabel y María Julia, que le pusieron Sombrerito al Hogar porque muchos chicos llegaban al mismo o eran encontrados con gorras en sus cabecitas. Y fue así como nació el nombre de este lugar que tiene una gran huerta cuidada, sembrada y cosechada por los mismos niños.
La vaca Pocha les provee la leche todas las mañanas. Y en el gallinero se encuentran cacareando Clota y Colorada. Es un momento de fiesta, de muchas sonrisas y expectativa cuando llega el tiempo de ir a buscar los huevos. Una aventura.
Lo mismo que la recolección de los duraznos de ese inmenso duraznero que se encuentra casi en el medio del fondo de la casa. Una casa con aroma a hogar. A la elaboración de pan casero, de bizcochuelos y bizcochos. Es que las encargadas del Hogar son mujeres que han entregado su vida a estos niños. A esta misión de Ayuda. De Dar. De Estar. De Saber que con su conocimiento y recursos personales podían construirles un mundo diferente.
Forjarlos en la educación, ayudarlos con las tareas escolares, crearles la responsabilidad y el cuidado por la salud. Estar en todos los detalles que los niños necesitan para crecer, formarse y desarrollarse en una sociedad complicada pero que con herramientas educativas, culturales e internalizados valores, todo es más sencillo.
Llegamos para el desayuno. Nos esperaban con un glorioso y tibio tazón de leche. Pan casero con manteca y deliciosa mermelada de durazno preparada por Isabel. Gran cocinera.
Todo era una fiesta. PETICOTAS llegaba con globos inflados con estampados de corazones. Blancos con corazones rojos; rojos con corazones violetas; verdes con corazones blancos. Grandes globos que llamaban la atención por su volumen y brillo y por estar enredados en las manos de un Cachirulo acalorado que llegaba con una sonrisa metálica como siempre dice la Escritora Mimicha.
El payaso de su infancia hoy estaba en Hogar Sombrerito y con una compañera. María Julia. La Cachirula torpe con la que juntos armaron un delicioso paso de comedia mientras los niños armaron espectacular ronda que rompía en aplausos, sonrisas y expectativa. Luego, Isabel, se sentó sobre el césped, en el centro de la ronda para leer la historia de Cachirulo.
Para contar y describir a los amigos de Mimicha. A sus fieles, respetuosos y cuidadosos enanos. Así fue como los niños se adentraron en el mundo de las fantasías. En ese mundo de sueños que la escritora lanzó en “PETICOTAS: peripecias, alegrías y sublimes desencantos” y que supo recrear, delicadamente, en PETICOTAS II; III Y IV.
Transcurrió la tarde en medio de juegos improvisados. Dígalo con mímica. El juego del retrato. A disfrazarse de Cachirulo. Inventar historias con los enanos. Imaginar la infancia de Mimicha a partir de sus historias. De su vida en aquella hamaca en la plaza. Con Coca.
Esas tardes de Mimicha en la piscina. En la casa que guardó los tesoros más sagrados de su tierna infancia. Entre todos esos condimentos y con potente manguera, los niños se mojaban y jugaban con los globos. Baldazos de agua y gotitas de iluminadas por los rayos del sol se deslizaban por sus cachetes colorados.
Llenos de vida y de amor asimilaban el sentido de la Navidad. La importancia del Pesebre.
De ese niñito que todos debemos guardar en nuestro corazón y yace recostado en un pobre Pesebre siendo Rey. Aquel que nos enseña que no necesitamos Tener sino Ser.
De ahí, que los niños entendían, como siempre, que en lo más simple de la vida, se esconde la felicidad. Que la educación la hacemos entre todos y que del esfuerzo individual creamos un grupo de trabajo activo, consecuente.
Que serán los Valores Perennes, los que nos guiarán por el camino del Bien.