A diferencia de lo experimentado en Caracas, a 200 kilómetros de la capital, nos esperaba un submundo más marginal del ya vivido. Parecía mentira que el hundimiento social llegara a niveles tan extremos y desoladores. Sin embargo, la otra cara de Venezuela, nos muestra que se puede tocar fondo en el contexto de la riqueza.
Con nuestro característico entusiasmo y empujo por movilizar a las cabecitas de los niños desde la más temprana edad, nos insertamos en un improvisado hogar de niños confeccionado con chapas, maderas, ladrillos y hasta ramas. Un lugar con pequeña huerta en la que todos colaboran diariamente por voluntad de acción y porque saben, que de su trabajo, saldrá el alimento que no los dejará caerse, aún más.
Son niños más grandes. Tiene entre 12 y 16 años. Sus camas son colchones deshechos que encontraron en su paso por la ciudad o que algunos lugareños les acercaron. Están, casi, en medio de la nada pero mantienen la esperanza del verdadero progreso. Nos cuentan sus sueños y sus ganas de salir de ese lugar que ahora, es su todo.
No había electricidad. No teníamos forma de desplazar nuestro material de trabajo técnico. Pero si teníamos nuestros brazos abiertos así como nuestros oídos atentos para escucharlos y transmitirles el mensaje de esperanza que la Señora Escritora Mimicha Bobbio transmite tomo tras tomo de PETICOTAS.
Libros, los de la autora, en los cuales la luz de la esperanza y la razón de la vida en solidaridad nunca se pierden. Al contrario. En cada PETICOTAS se profundizan los criterios. Los conceptos y se navega por la magia que transmitimos en cada viaje.
Les mostramos, a los niños y adolescentes, que ese mundo que parece tan lejano, con educación, trabajo y esmero, se puede alcanzar.
El mundo del SER completo. En el que se conjugan las cosas en su justa medida.
No había en dónde sentarse. Improvisamos una ronda con nuestros sweaters. Sobre ellos nos sentamos. Cada uno elevó una oración, un pedido, un deseo.
Predominaba el pedido de Salud y Educación. Leímos entre todos el Himno Al Amor que está en PETICOTAS. Viajamos por el Oriente Medio. Nos situamos en Malvinas. Contamos la historia. Les mostramos que para llegar a SER hay que leer y para saber leer hay que estudiar porque el conocimiento no tiene precio y es la herramienta que nadie les podrá quitar.
Curiosamente en medio de las nubes, rayitos de sol comenzaron a iluminar los rostros cansados. Milagrosamente, una sonrisa comenzaba a dibujarse en cada uno de ellos. Niños adolescentes que encontraron atención, estímulo y pertenencia. Les hicimos entender que de ellos es el futuro y que de ellos, en conjunto con las generaciones mayores conscientes, depende el cambio.
Una experiencia diferente. Todos se quedaron con un señalador de PETICOTAS III. Lo guardaron en unos cuadernos que llevamos para ellos y que recibieron con Amor. Allí se encontraban algunas bases para que puedan formarse.
Hoy PETICOTAS comparte con ustedes esta historia. La Historia de la Casa Hogar de Chapa. Hoy, PETICOTAS tiene el agrado de hacerles saber que gracias a la solidaridad de nuestros compañeros peruanos de viaje y a un señor que ya no está entre nosotros pero su corazón si, los niños adolescentes fueron trasladados a la ciudad y ya, cada uno de ellos, asiste a la escuela y tiene un hogar.
Un acto de grandeza y generosidad que nuestros amigos de Perú -comprometidos con la intensa labor por el fortalecimiento de los Valores Perennes realizada por Mimicha Bobbio- han tenido con estos chicos. Porque conocen el trabajo de toda la vida de la escritora y el que, desde hace 5 años se manifiesta, como consecuencia de sus publicaciones literarias.
Misión Cumplida. PETICOTAS por el mundo, muy pronto con sorpresas.
(Aclaración: Por seguridad y respeto, BLOG PETICOTAS, no muestra imagenes de los niños.)