Me recosté sin desvestirme... las valijas reposarían en el hall de entrada hasta el día siguiente...
Rebecca se encargaría mañana…
Cerré mis ojos hundida entre mis mullidas almohadas de plumas...
Había sido demasiada larga la demora de la salida del avión que me traía de Londres.
Solo alcancé a mirar que el reloj estaba marcando las 3 de la mañana.
Perdí la noción del tiempo cuando casi súbitamente un fuerte y persistente perfume envolvió mi habitación.
Sentí como la sensación de una viva presencia.
Entreabrí los ojos para cerciorarme. Nada.
Apague la luz que había olvidado hacerlo al recostarme.
El perfume persistía y ya sin fuerzas me trasladé a mis tres años. Cuando mi abuelo materno bajo un sombrero de paja de anchas alas, un poco deshilachado y subido en escalera de madera, podaba con sus brazos en alto la parra del jardín…
“¡Estas hormigas!” Lo escuchaba yo decir.
Y mi personita se introducía entre lustroso ligustro pinchudo que me despeinaban y raspaban mi tierna piel.
Era más fuerte que yo.
Tenía que salir de ese agujero con el ramillete de blanquísimas “Diamelas” para correr y llevárselas a mi abuela y decirle, con sofocado apuro, que era abuelo quien se las mandaba.
Recuerdo que peinando ella, ya blanco “chignon”, las recibía -Las Diamelas- con amplia sonrisa adivinando el juego.
Recuerdo, sobre todo, el jovial destello de luz de sus ojos…
Abuela nunca fue vieja. No recuerdo una sola arruga en su rostro. No quería.
Ahora lo sé.
Ella las recibía y nos poníamos a bailar felices un vals…riéndonos, cantando…
Nos caímos entrelazadas ¡qué risa!
Cuando veo que su risa se transforma en sollozos bajo mi mirada absorta de tres años y esta situación me confundía.
“No puedo soportar la perdida de este hijo.”
No me lo estaba diciendo a mí.
Estaba hablándole a su alma.
No sabía de quien hablaba.
Solo recuerdo que quedó sentada en el suelo con sus dos manos cubriendo su rostro.
Algo yo no debía saber, y con complicidad de silencio esta fotografía quedó grabada dentro mío por algunos años.
-¿Cuántos hermanos son ustedes mamá? Pregunté siendo más grandecita.
-Éramos cinco.
-¿Éramos?
-Sí, Roberto, el segundo de los varones, murió a los cuarenta años, te quería mucho. Eras muy pequeñita cuando te llevaba a verlo al hospital, le hacías reír mucho.
Juntas fuimos el último día y le dejamos unos sándwiches en su mesita de luz.
Allí estaban al día siguiente, al lado de la cama vacía.
Así comprendí desde muy pequeñita, siempre guardando el cómplice secreto de esa fotografía que aún llevo en mi mente, la eterna negra vestimenta de abuela, la ausencia de amigas tomando el té con ella, el esfuerzo de esconder su dolor cerrando las puertas de su alma.
Todos los 24 de diciembre preparaba su altarcito y sentada de mantilla negra en su níveo pelo velaba durante toda la noche su niñito Dios de plata y nosotros nos turnábamos para acompañarla a rezar junto a ella…
Creo tener la certeza que envuelta en este perfume a blanquísimas diamelas está ella acunándome…
Quietita para paralizar el momento, soñé que bailábamos y cantábamos mientras abuelo lidiaba con las hormigas. Allá, en el fondo del jardín…
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25 comentarios:
Siempre me emociona. Hoy por su retorno y ademas por su maravilloso texto. Cariños.
Todo es sensacional Mimicha. Felicitaciones y bievenida vos también.
Diosa, que texto más emotivo.
Hasta las lagrimas Mimicha, gracias por volver.
LINDISIMO RECUERDO PARA SUS ABUELOS SEÑORA MIMICHA. FELICIDADES Y BUEN RETORNO.
Mimicha sus abuelos al igual que sus padres deben sentir orgullo por usted. Hace honor a su apellido.
Un abrazo cordial desde Catamarca.
Sos buena gente Mimicha. Se nota en este espacio. Sos una grande.
Única y emocionante.
Cuando lo leí por primera vez en su libro me emocioné, hoy vuelvo a emocionarme y a sentir que los abuelos nos marcan por el resto de nuestras vidas. Con afecto.
Con el recuerdo a sus abuelos, recuerda a todos los nuestros.
Gracias por ser tan pura.
Esto se llama Amor. BEsos!
Conmovedor Mimicha. Que linda que pueda revivir su infancia con tanta emocion y sentiemiento.
Un abrazo cordobés.
Felicitaciones Mimicha. Me gustó mucho volver a leerte. Un abrazo
Re lindo!
De primera como todo lo que escribe Mimicha
Me encanta como escribe Señora Mimicha. Que delicada y refinada es!
BRAVO, BRAVO, BRAVISIMO!!!
Suprema Mimicha, es usted maravillosa y tierna. Un cordial y afectuoso saludos desde Lima. Arnaldo.
Uno de sus textos más lindos
Se lo leí a mi abuela que tiene 99 años y se emocionó como una nena. Gracias por tu regalo.
Ernestina
Un relato encantador Mimicha. Un beso grande. Lucre
Mis abuelos pueden reflejarse en su texto. Gran manera de recordarlos
Sobresaliente Mimicha. Emociona
Mis abuelos fueron mis pilares. En tu texto se refleja la esencia de lo que representan ellos en nuestras vida. Un cariño grande Mimicha,
Todo el blog es precioso Mimicha. Un placer. Vicky de Chubut
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