Leí hasta tarde… corrí las cortinas y el libro cuando pícaras estrellas se desdibujaban… el oscuro cielo cambió su tinte y más claro… me anunciaba un cercano amanecer.
Si no fuera por la suave música del sonido elegido del despertador… hubiera seguido inmersa en profundo descanso…
Con felino desperezar abandoné mi lecho… curiosa posé mis ojos en mí matinal equipo de Jogging… ahí yacía… pulcramente… somnolienta sonreí… solo obra de hábiles manos de mis enanos… protectores nocturnos de mi noches… alertas al más mínimo movimiento… desde niña me acunaban… como otros niños con sus peluches…
Ya... silenciosamente habían desaparecido.
Una gruesa campera a los pies de la cama despertó mi curiosidad…
Enfile mi equipo olvidando descorrer las pesadas cortinas… una luminosa mañana me esperaba para ser acariciada por brazos de un ya cálido sol…
Cuando sorprendida… copos de cristalina nieve… atrevidos se posaron… impertinentes sobre la punta de la nariz y rostro entero… ¡Oh! ¿¡Nieve en Montecarlo!? ¡Hiuppi!
Así comprendí la presencia de gruesa campera a los pies de mi cama… ellos piensan en todo… son muy madrugadores…
Velozmente corrí a enfilarme no solo la gruesa sino grueso gorro hasta las narices y guantes… ¡Waw! ¡Nieve!... Un nuevo condimento se unía a mi balada sobre pudorosa nieve… por el borde de un mar que sonreíamos al unísono… feliz…
En mi andar resbalando entre carcajadas… daba tumbos y así me veía envuelta como dentro de nubes que habían bajado a unirse a este placer…
Y como sucede en este mundo de entreveros… ¡Ajaja, cruzaba gente enojada!
« ¡…Pero qué barbaridad, qué tiempo éste…! »
Aseguro que no pude esconder mi risa viéndoles como resbalaban y caían dibujando trompos y figuras extrañas de torpeza… como arañas fumigadas… ¡Ah!
Pero ¿Qué es esto? ¿Nieve ahora en la Costa Azul...? ¡Jamás!
¡Pues se equivocan quise responderles... pero mi risa me ahogaba!
Recordé sumida en ese estado de sueños… entrecerrando mis ojos vi mi sol brillar… me recosté enteramente en brillante cuna enceguecedora... sosteniendo fuertemente mis puños con polvo de estrellas… como acaparando el mágico instante… arrullada por el silencio... Ayer ya era ahora… hija del sol… Sí ¡Soy hija del sol!
Las entradas de las casas son marrones.
Sucia descarga del cielo, un señor me insulta en francés. Idioma que aún, no hablaba.
Delante, grandes esquiadores en plena competencia.
Hacía rato que tenía mis esquís sobre la parte delantera del pobre esquiador.
Sí ¡Soy hija del sol! Más adelante, pagué las consecuencias.
Playa, mar, río, y ski acuático desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche. Sin más explicaciones.
Pero cabezona, ya estando en Francia viviendo en Cap Ferrat, a setenta kilómetros hacia los bajos Alpes, exactamente en Auron, intenté skiar con mis hijas de ocho y cinco años.
Unas campeonas.
¡Ay, la nieve de vuelta! No lo hice mal.
Busqué en la escuela de ski una bestia rubia de tupidos bigotes desteñidos que parecía un Vikingo. Le exageré mi angustia, disculpándome de antemano algún error. ¿Algún?
-Pas de probleme madame avec moi,
Me salpicó en la cara.
-¿Pero esa hilera de pinos al costado de la pista?
-Hace diez años que soy monitor y nunca terminé en un pino.
Arrastrando un “patois” fuertísimo iba acompañado de cognac.
Para nada segura salimos pegados. Descendimos cuerpo a cuerpo sobre los mismos skis. Los míos, bajo el brazo. Terminamos enroscados en el primer pino.
Me planto ahí y descendí sentada.
¡Qué tanto enojo vaya!