
Peticotas viajó a Río de Janeiro – Brasil- en el marco del trabajo solidario y el fortalecimiento de los Valores Perennes. Con las premisas de la educación, la cultura y la importancia de la familia como célula de la sociedad, ingresamos a los Centros Asistenciales que albergan de manera estable a 50 familias y a otras 20 de tránsito.
Una movilidad, la de estas últimas, que tiene que ver con una decisión propia de un estilo nómade de no buscar arraigos luego del desarraigo de la casa propia. Familias en situación de calle que acuden, cuando los pilares –padre y madre o alguna de los dos- decide asentarse, momentáneamente en estos espacios que actúan como un continente emocional y estructural.
Con guarderías para los niños desde la más temprana edad y diferentes actividades educativas y recreativas, nos insertamos en el grupo para poder interactuar con todos. Niños, en un principio, desconfiados y miedosos de ver rostros desconocidos. Sin embargo, con AMOR y PACIENCIA, nos dejaron ingresar en su mágico mundo y así fue como penetraron en nuestros corazones.
Una inmensa ronda daba lugar a juegos, canciones, adivinanzas, imitaciones y morisquetas. De a uno, se paraban en el centro de la ronda para deleitarnos con sus ocurrencias hasta irrumpir, como siempre dice la escritora Mimicha, en metálicas carcajadas.
Uno de los colaboradores del lugar, en una habitación aparte, se preparaba para el “Show”. Había llegado el momento de la lectura. Los chicos estaban a punto de conocer al payaso de la infancia de Mimicha. A Cachirulo.
Una de las maestras leía el texto mientras los niños, ya provistos por nosotros de papeles y lápices de colores, desplegaron toda su imaginación. Cachirulos de todas las formas y colores. De todos los tamaños y con distintas emociones.
Luego, en fila india y atentos a lo que estaba por suceder, se bajaron las luces del amplio salón, se encendió el proyector y BLOG PETICOTAS apareció. Pero también ingresó Cachirulo.
Los ojos de todos se abrieron como gigantes. Cachirulo estaba ahí. Con ellos. Había salido del Libro o de sus tiernos dibujos. Vaya uno a saber. Lo cierto es que entre aplausos, sonrisas y asombro, el Payaso de la infancia de Mimicha estaba con los niños repartiendo los globos multicolores que tenía en una de sus manos. Por nuestra parte, y celebrando la llegada de la primavera, arrojábamos lindísimas gerberas que volaban ayudadas por la fuerza de un agudo ventilador.
Los niños saltaban hasta que absortos, frente a la pared coloreada por el BLOG, aparecían osos pandas a los que se acercaban, con el calor de la inocencia, para abrazar. Como queriéndolos sacar y llevárselos.
Mágico mundo que pudimos compartir. Niños felices que buscan, desde su interior, un mundo feliz.
Al otro día, el paisaje ya no fue el mismo. PETICOTAS ingresó, con especialistas, en dos favelas de Río. La primera, prácticamente impenetrable. La segunda, más factible.
Un mundo de tiros, violencia, barbarie, crímenes y narcos.
En el medio, inocentes perturbados. Prostitución infantil y el desasosiego de madres queriendo escapar de un caos que parece no terminar. Fueron esas madres quienes nos abrieron las puertas de sus precarias y limpias casillas para dar un poco de luz a una oscuridad que se presenta como eterna. Aún, durante el día.
Pudimos, con Amor y Conciencia del momento que nos tocaba vivir, llegar a los niños. A quienes logramos “sacarlos” apenas unas horas de los ruidos de la tragedia para adentrarlos en un mundo mágico. El mundo que Mimicha ha sabido crear, entre peripecias, alegrías y sublimes desencantos.
Un mundo sin tiempo. Sin edades, sin distinción de razas. Para todos.