Disfrutaba muchísimo.
Durante una hora quedé admirada frente al David de Miguel Ángel...
Pensando en Buonarotti, luego de haberme deleitado con La Piedad...
El Moisés, la Capilla Sixtina, las columnas del Bernini....
Hileras de a dos. Todo era deslumbrante... soberbiamente lindo y majestuoso...
Parada en un punto determinado esas hileras se transformaban en una...
Una sorpresa tras otra. Gran exaltación de la belleza...
¡Berninis, Buonarottis, Boticellis!
Demasiado para mis ojos que temían no alcanzar a deleitarse con todo lo que había a su alrededor...
Viví sumergida en el arte en general...
Actualmente lo disfruto con mayor placer. Claro está, siempre que puedo.
Igualmente, la belleza me acompaña in mente...
Poseo mayor cantidad de herramientas de conocimiento para apreciar mejor una obra de arte...
La lectura es, indudablemente, mi debilidad. Otra forma de expresión artística...
A los catorce años mis siestas llevaban el sello de Manuel Mújica Lainez... a quien lo encontré en D’ Ormesson, en Francia...
Cuando hay pasión, la vida alcanza para todo.
Me transportaba de un rincón a otro del planeta. ¡Mes souvenirs!
Bomarzo me llevó dos días.
Hemingway, por su parte, me hacia morder la arena del desierto africano.
Jorge Amado, el nostálgico de su tierra creole “Verro Dagua.” (PETICOTAS I. Págs: 42-43)
(Ilustración del texto: La Capilla Sixtina)


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