¡Oh La Provence…! Donde la ternura se enrieda entre los surcos y lastima la mirada el color violáceo de los campos de lavanda… con su aroma embriagador nos envuelve…revoloteamos junto al ritmo del zumbido adormecedor de abejas ávidas de dulce néctar en flor… y volamos con ellas al convite de la miel… todo se vuelve fiesta con el solo contemplar semejante belleza.Montañas rocallosas se elevan orgullosas… agradecidas a la sobrevivencia de siglo tras siglo y coquetas muestran sus picos dorados… cobijan protectoras, infinidad de pintorescos pueblitos… ninguno igual al otro sino por la distinción de saltarines colores… del ocre al azul… del verde al amarillo… según donde el sol pasea sus rayos a lo largo del día.
Casi imposible se hace el invocar sus infinitos lugares…empieza por Les Bouches-du-Rhone hasta los Alpes Marítimos…el corazón del ‘Midi’, para el sur de la Francia.
Reunión de mil maravillas… no menos espectaculares… La Camargue… tierra de tradiciones sumada a su belleza agreste y salvaje… como salvajes corren a lo largo de un mar inquieto caballos con sus crines al viento entre dorados pajares… no faltan las guitarras agitadas por gitanos mostrando con sus coloridas ropas el orgullo de una fuerte sangre que le canta a la vida… proclamándola… casi le gritaron acento andaluz…
¡Oh Sí, La Provence!
Fronteras de un época…custodia de reminiscencias romanas… ¡Arles!
Me veo sentada en el bar… mi eterno sombrero… el sol lanzando sus feroces lenguas de rojo fuego… enfrente… para apreciar mejor la humilde casa donde vivió Vincent Van Gogh… donde compartió algún tiempo con Gaugain, hasta que éste, de insoportable carácter decidió partir lejos y perderse por los mares del sur…
Recuerdo que con Graciela y un calor que nos incendiaba… felices recorríamos esta Roma de Gaulles construida 46 años antes de Cristo… felices… siempre comiéndonos la vida…
El César había consagrado este sitio donde se establecieron sus legiones… el Circo… réplica del Coliseo… sus arenas celebraban sus corridas de toros donde sus aficionados presentaban sus ‘novilladas’…
¡San Remy de Provence!
Su entrada por senderos donde muy alto se abrazan los plátanos… allá… en ese gris establecimiento... allí pasó sus últimos años sin conocer la gloria de sus maestras obras, Vincent Van Gogh… con la sola y única visita de su protector y hermano Theo… (PETICOTAS III. Págs, 26-27)
(Ilustra el Texto: El Retrato Del Artista Vincent Van Gogh, 1889)


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