Llevada siempre por la curiosidad del saber, pasaba horas allí dentro.
La lectura es un buen hábito que se les debe inculcar a los niños desde pequeños.
Leerles cuentos es una de las primeras formas de inducirlos al placer de leer.
Siempre tiene que estar bien guiada y hago preciso hincapié en la guía de la lectura porque yo leía de todo a muy tierna edad, lo cual puede cambiar la formación de la conciencia.
La libertad de pensamiento es fundamental.
Mucho más interesante es, si es acompañada por una guía sana de valores y principios.
Una frase puede cambiarnos el rumbo y entrar así, en una eterna confusión.
Tuve en mis manos la complejidad de Frank Kafka en su libro “Metamorfosis.”
Un libro angustiante al mismo tiempo que atrapante.
Tanto es así, que generaba en mí sentimientos encontrados que me impedían separarme de el.
Tolstoi, Dostoievski, los hermanos Karamazov, entre tantos otros.
Ahora, creo que no estaba preparada para leer “Crimen y Castigo.”
No hay vuelta atrás. Razón por la cual, rio.
Igualmente, la magia de la lectura reside también en los cambios de interpretación.
Un mismo libro no será comprendido igual en las distintas instancias de la vida.
Con el tiempo, se le adjudicarán nuevos condimentos.
Se encontrarán nuevos sentidos e interpretaciones. Algunos ejemplos: “Cien años de soledad” y “El amor en los tiempos del cólera” son libros increíbles. A través del imaginario fantástico,
García Márquez, nos transporta a un mundo desesperante y controversial.
De una imaginación admirable y extraña, sus libros, con el tiempo, van adquiriendo un sentido estético diferente. Macondo cambia.
Con la lectura misma fue como empezó mi amor por la política.
Pero la verdadera política, no como espectáculo número uno de los mass-medias.
Para ese entonces, era toda una frondizista.
Intransigente. Claro, leía todos los “Que” que encontraba. Por supuesto, leía Patoruzito. Que como éramos tantos en casa, era escondido detrás de la biblioteca.
Si mal no recuerdo, de niños, salíamos a la calle a esperar al diariero para ser los primeros en encontrarlo.
Curioseaba en los libros de la Enciclopedia Quillet.
¿¡Dónde habrá ido a parar!?
Hasta el día de hoy sigo siendo una “come libros.”
Pero aquella, fue una época nefasta. Un conocido me prestó el libro “Por qué no soy cristiano” de Bertrand Russell con la venenosa interrogativa de la predestinación. Desde los cinco años mi vida escolar transcurrió entre misas, confesiones, comuniones diarias, retiros espirituales y misas por las tardes de Los Agustinos Recoletos en frente de casa.
Era un libro muy razonado contra la Fe. El misterio.
A la mañana siguiente en el colegio, pido permiso en clase para hablar:
-Padre, no creo más ni en Su Dios ni en nada.
Curioseaba en los libros de la Enciclopedia Quillet.
¿¡Dónde habrá ido a parar!?
Hasta el día de hoy sigo siendo una “come libros.”
Pero aquella, fue una época nefasta. Un conocido me prestó el libro “Por qué no soy cristiano” de Bertrand Russell con la venenosa interrogativa de la predestinación. Desde los cinco años mi vida escolar transcurrió entre misas, confesiones, comuniones diarias, retiros espirituales y misas por las tardes de Los Agustinos Recoletos en frente de casa.
Era un libro muy razonado contra la Fe. El misterio.
A la mañana siguiente en el colegio, pido permiso en clase para hablar:
-Padre, no creo más ni en Su Dios ni en nada.
-¿Qué pasó? Mira, que todos dudamos alguna vez.
-No me venga con las dudas. Le digo que NO creo más. (Le conté sobre el libro)
-Bueno, pero ahora tienes otro Dios que es Bertrand Russell.
Como él no cree, ha jugado contigo en un momento tuyo de gran vulnerabilidad.
Y te ha convencido. Pero no creo que ese sea el punto.
Lo que te sucede, es que estás enojada porque no puedes explicar tu Fe.
Estás enojada con Dios.
¡Era verdad! Y un buen día me encontré llorando en un banco de la Iglesia.
Ya no estaba enojada sino avergonzada (…)La Fe, es como el amor verdadero. Al alimentarlo, no te abandona jamás. (PETICOTAS I. Págs: 22, 23)
(Ilustra el texto de la escritora: Couarraze y su técnica)



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